Ética del Centro Producción del Espacio

Chile enfrenta una crisis institucional donde la relación entre la elaboración de políticas públicas y de la opinión pública en general, está sometida a una constante influencia por parte de grupos de poder con intereses económicos directos en las materias que se discuten. Esto ha levantado el velo de una corrupción que se estructura mediante mecanismos de gestión del conocimiento orientados a beneficiar a quienes tienen la capacidad de influir sobre las agendas del congreso y del poder ejecutivo, entre otros[1]. Lo decepcionante, es que dicha corrupción está ganando terreno y las regulaciones desarrolladas contra estos fenómenos no terminan de ser efectivas en disuadir prácticas reñidas con la ética[2]. El mundo académico no está exento de este problema, en especial cuando se ubican en un mismo plano los intereses de actores particulares con agendas propias y el proceso de producción de conocimiento. Entre otros aspectos, la academia como consultora de intereses y agendas puede generar conflictos que tensionen los metodos de creación y pesquisa, mermando además la capacidad crítica y creativa de los científicos. Para Ardeth Thawnghmung, si bien las consultorías desde la academia al mundo privado o al estado ofrecen acceso a datos frescos, también surgen contradicciones metodológicas debido a las tensiones que asoman cuando se busca producir conocimiento crítico y propositivo, mas aún cuando parte del equipo tiene interés y una agenda paralela sobre la información a presentar[3]. En países en desarrollo, como lo es Chile, esto puede comprometer la legitimidad de los resultados de evaluaciones y dificultar la generación de información, propiamente tal[4]. En América Latina, además, la tecnocracia es poderosa y llega a construir decisiones que afectan a miles[5] en situaciones donde la propia academia se podría volver tecnocrática, o permeada por cuadros tecnócratas con otros objetivos, pragmáticos e inmediatistas, donde una visión sin contrapesos metodológicos, éticos o teóricos influye a conveniencia de quien legisla, profita o propone políticas públicas a partir de dichos conocimientos sin discutir las estructuras existentes o arguyendo desde las urgencias que, ciertamente, en Chile abundan. Esto no quiere decir que no busquemos incidir en la política pública, pero creemos que no es deber de la academia integrarse al flujo de dichos procesos. Ya los investigadores tienen suficientes presiones exigidas por los pares en busca del rigor metodológico como para, además, agregar presiones sobre lo urgente sin dejar tiempos para la contemplación y la reflexión crítica. El Centro Producción del Espacio, además, acude al llamado de la comunidad científica internacional para defender el método científico, con sus aciertos y errores, pero desde un proceso validado para avanzar a decisiones que propendan hacia el bien común, usando técnicas repetibles y comparables para revisar avances, corregir y buscar nuevos conocimientos a partir del método. Esto es particularmente delicado cuando se trata de ciencias sociales, siendo esta es la principal materia de investigación del CPE.

Es por estas razones, que el compromiso ético del Centro Producción del Espacio es construir un cortafuegos con el mundo privado y político partidista, enfatizando en la creación de conocimientos ceñidos fielmente al método científico, utilizando metodologías validadas por literatura especializada o proponiendo nuevas técnicas de análisis que surjan a partir de teorizaciones coherentes con los objetivos planteados desde las investigaciones que aquí se generen, siempre enfocando los resultados a entender los fenómenos en estudio. Estamos abiertos a colaborar con otros académicos y científicos, ceñidos a la independencia intelectual, que no sean impulsores de agendas con intereses económicos o político-partidistas y que avancen hacia buscar verdades para fenómenos sociales desde diferentes aproximaciones metodológicas, privilegiando los enfoques exploratorios, abiertos y críticos.


[1] Eduardo Engel, “Agenda Anticorrupción y Reconstrucción de Confianzas,” Revista Mensaje Enero-Febr (2016): 6–9.

[2] Daniel Matamala, “Ganaron Los Corruptos,” CIPER Chile, 2018, 1–6, https://ciperchile.cl/2018/01/22/ganaron-los-corruptos/.

[3] Ardeth Maung Thawnghmung, “Do Consultancies Compromise Academic Research and Ethics? A Case Study of Burma/Myanmar*,” Asian Journal of Political Science 25, no. 2 (2017): 176–93, https://doi.org/10.1080/02185377.2017.1307122.

[4] Sebastian Bock, “Politicized Expertise – an Analysis of the Political Dimensions of Consultants’ Policy Recommendations to Developing Countries with a Case Study of McKinsey’s Advice on REDD+ Policies,” Innovation 27, no. 4 (2014): 379–97, https://doi.org/10.1080/13511610.2013.864228.

[5] Eduardo Dargent, Technocracy and Democracy in Latin America: The Experts Running Government, Technocracy and Democracy in Latin America: The Experts Running Government, 2014, https://doi.org/10.1017/CBO9781107446663.