La lección del borrado del GAM de cara al proceso constituyente

Por Dr Francisco Vergara P., Director del CPE.

Es difícil ser artista en el régimen neoliberal chileno. Con un Estado enfocado a la productividad y al fomento de las empresas privadas que sean lucrativas, las actividades artísticas incapaces de asegurar rentabilidad en sus procesos se vuelven insolventes para el sistema y la implementación de sus propuestas se hace difícil. Es decir, los artistas que no sepan hablar el lenguaje neoliberal (incluso por oposición a este), están más expuestos a ser excluidos de mecanismos de financiamiento público y del mercado del arte propiamente tal. Sin acceso a los soportes tradicionales, el arte se abre paso en la ciudad mediante estrategias que se clasifican como arte callejero (street art) o guerrilla art. Estas tendencias artísticas se comienzan a masificar con el neoliberalismo en Estados Unidos, influidos por el Hip-hop y en Reino Unido y Alemania por el Punk, como corrientes artísticas insurgentes en cuanto a expresión estética y por configurar una crítica contra el status-quo, con énfasis en los vicios propios de la normalidad neoliberal. En Chile, como representación de la resistencia colectiva a la represión y la desigualdad, desde el estallido social del 18 de octubre de 2019, los muros de sectores emblemáticos de Santiago y de otras ciudades se han tapizado de guerrilla art, expresiones artísticas que registran y exacerban anhelos, críticas y objetivos colectivos. En este proceso, el GAM se había convertido en un registro de obras de valiosa calidad técnica y de excelente contenido crítico. Además, se presentaba como un espacio de oportunidad para muchos artistas callejeros que de otra manera no habrían podido montar una exposición en la galerías del centro cultural más importante del país. El gobierno de Chile, una vez más, ha aplastado estas expresiones populares con una pintura monotonal, mate, sin ningun objetivo curatorial más que el de abolir la representación del estallido. Borrar esas expresiones es un acto político y también es parte de una guerrilla artística. 

Andrzej Zieleniec plantea la importancia de reconocer el derecho a escribir la ciudad, en un parafraseo proveniente del derecho a la ciudad de Lefebvre. En ambos discursos, el reclamo del espacio a partir de la impugnación de lo rígido de la ciudad desde abajo es parte de las acciones tendientes a desmercantilizar el espacio urbano privatizado y avanzar hacia apropiaciones de lo colectivo, haciendo que la ciudad también hable y exprese lo que piensan sus ciudadanos. En este proceso de impugnación, también el Estado puede elegir qué expresiones válida y cuáles no, en una dialéctica del espacio que se activa contestariamente (no cabe duda que nuevas pinturas y expresiones se harán sobre el pintado opresor). Para el caso particular del GAM, el borrado ha sido sin criterios estéticos, simplemente una limpieza de expresiones populares y una declaración de principios: sin filtros, borraremos los remanentes de este estallido social y volveremos todo el color que nos plazca, sin expresión, solo la uniformidad de lo normal. Es la política del espacio que se interpreta también como la política de lo constituyente. En esto, es clave que el borrado se lea en clave política dado que ésta represiva forma de eliminar los espacios reclamados por la ciudadanía es una declaratoria de cara a marzo y abril.  

Gabriela Mistral de Fab Ciraolo en el GAM. Ilustración valiosa que tuvo que ser resguardada por los funcionarios del GAM ante el pintado. Fuente: https://media.metrolatam.com/2019/11/20/capturadepantall-49076b859ffb87bb92485c0209ebe1b7-1200×800.jpg

Con el borrado, el mensaje es rotundo y preocupante: no nos importa lo que ustedes, pueblo, quieren o piensan o expresan, haremos lo que nos parece lo correcto y les reprimiremos todo lo necesario hasta convencerlos o aplastarlos; por la razón o la fuerza. Este borrado es muy similar a lo que ocurre con los Nazis que compran AK-47 en el barrio alto sin que se les aplique la Ley de Seguridad del Estado o a que el Presidente no pague sus impuestos territoriales o que los hijos del Presidente se ganen licitaciones públicas mientras su padre es gobernante de la nación: el trato en Chile no es igualitario. En este modo de hacer, es esperable que el proceso constituyente sea enturbiado por la clase dominante todo lo posible, que diversas acciones se realicen con el objetivo de evitar el cambio a la Constitución Neoliberal de Guzmán y Lagos, incluso si ello implica internar metralletas, borrar las expresiones populares o seguir mutilando a personas al azar. Lo que está en juego es este paraíso de lucro llamado Chile, y sus defensores no lo dejarán marchitarse fácilmente. La lección que nos deja el borrado de los muros del GAM sin criterios sino solo con busca de restaurar una borrosa idea de normalidad espacial, es que da lo mismo si las ideas son buenas o malas,  lo único que importa es lo que dice el capital y si al capital le da miedo la nueva constitución, se usarán todas las estrategias necesarias para evitar que cambie. A no descuidarse.

Fotografía de Connie Moreira ©

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