ARQ102: Especulaciones

El día 29 de Agosto de 2019, el director del Centro Producción del Espacio fue invitado a presentar la nueva edición de la más prestigiosa revista de estudios arquitectónicos de América Latina, ARQ de la Pontificia Universidad Católica de Chile, dirigida por el destacado curador Francisco Díaz. En esta publicación, de la cual Francisco es también revisor externo, participaron diversos profesionales, entre ellos el investigador del CPE, Carlos Aguirre.

En la presentación de la revista, también participaron la Doctora Alejandra Celedón, el Doctor Eugenio Tironi y el director de la escuela de arquitectura de la PUC, el profesor Luis Eduardo Bresciani. En un ambiente de camaradería y crítica, la presentación del numero permitió revisar miradas sobre el problema de la especulación desde sus virtudes posibles atribuibles al riesgo del diseño especulativo hasta la propia especulación inmobiliaria, de lo que habló el profesor Aguirre.

Compartimos el texto que guió la presentación del director en dicho evento:

REVISION ARQ 102: ESPECULACIONES

Por Francisco Vergara Perucich, Ph.D.
Director del Centro Producción del Espacio.

En el año 2016, Grupo Toma tuvo la oportunidad de representar a Chile en la Bienal de Arquitectura de Chicago con el título de ESPECULOPOLIS. Para TOMA, la idea de ESPECULOPOLIS era una ciudad temporal indefinida, que partió con la implementación del modelo neoliberal en Santiago y Chicago. Esta ciudad estaba en disputa, con resistencias y asimilaciones de un modelo que daba forma al espacio. También, ESPECULOPOLIS revisaba la posibilidad de una ciudad post-neoliberal, que en Chile pareciera ser una utopía popular destinada a no cumplirse, por ser a su vez la utopía de una elite la cual no tiene ningún interés en que las cosas cambien, por ahora.

Los TOMA son académicos de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Las Américas. De hecho, el llamado para enviar artículos a la ARQ 102 sobre Especulaciones despertó mucho interés en la escuela. Incluso, junto a su director, JP Corvalán, yo mismo envié un artículo que fue rechazado por el editor con escuetas explicaciones (—-mirada furtiva —–). Pero al fin, salió el número que muchos de los que estudiamos los efectos de la neoliberalización de la ciudad esperábamos. Dado el prestigio y alcance de ARQ en el contexto nacional, este documento es vital para profundizar dichos estudios. Este número es un buen mapeo de cómo estamos entendiendo el problema de la especulación en la ciudad desde la disciplina y qué contribuciones podemos hacer.

Uno de los primeros conflictos que encontré en la lectura fue la amplitud usada para la definición de especulación. En la carta de apertura, escrita por Francisco Díaz, su editor, se habla del riesgo. No estoy tan seguro que sea el riesgo lo que empuja la especulación como yo la entiendo, sino, todo lo contrario. Creo que es precisamente la ilusión de certezas en base a resultados recientes lo que empuja a tomar decisiones especulativas. En otras palabras, creo que hay más adrenalina en correr riesgos que en especular, donde más bien creo que existe ansiedad. En el texto de apertura, se dice que especular es:

“la especulación es una observación que, cargada con un conocimiento acumulado que permite una lectura seria de las posibilidades, busca anticipar lo que puede ocurrir” (p. 12)

Mi interpretación de especulación es algo distinta, y la comparto aquí:

LA ESPEULACIÓN ES UNA SUPOSICIÓN QUE, CARGADA DE INTUICIONES EN BASE A INFORMACIÓN PARCIAL, BUSCA OBTENER GANANCIAS DE LO QUE PODRÍA LLEGAR A OCURRIR CON UNA DECISIÓN

De hecho, el mismo texto confirmaría esta mirada cuando más adelante menciona que “la especulación presupone la incertidumbre respecto al porvenir”, lo cual se ajustaría a las decisiones en base a supuestos y miradas parciales. PERSONALMENTE, NO CREO QUE PROYECTAR SEA IGUAL A ESPECULAR, o al menos eso espero. Desde mi visión, el proyecto es un proceso creativo pero compuesto de variables cuantitativas claras (metros cuadrados, volúmenes, costos, necesidades espaciales, programas de uso, etc) e interpretaciones cualitativas que se entrenan durante años para generar aproximaciones anti-positivistas a los casos que se buscan estudiar y generar una aproximación. Justamente, creo que la especulación muchas veces impide el correcto desarrollo de un proyecto arquitectónico, lo que NO quiere decir que un proyecto no pueda correr riesgos, algo que encuentro muy valioso desde mi perspectiva. Pero claro, eso es discutible y depende de cada mirada. Por esto es que para los proyectos presentados esperaba aún más especulación, esperaba proyectos que estuvieran más lejos del centro disciplinar y se aproximaran a lo riesgoso, en base a la definición inicial de la editorial. Esperaba algo así como un blurr building de Dillier Scofidio & Renfro, o un pabellón esfumado de Hatherwick, una roca habitable de Radic, o bien, otras prácticas de lo que sea que yo creía entender por especulación. Al principio de la lectura, ya me iba asustando, pero luego, el editor vuelve a capturar mi interés con otra frase de la introducción que me ha parecido notable y que, justamente, desafía mi mirada que he compartido recientemente:

“Estos casos (los que se han expuesto en la revista ARQ 102), no fueron simples de encontrar, pues la especulación arquitectónica parece tener cada vez menos adeptos. No es difícil ver arquitectos cuestionando su validez mientras guardan silencio frente a la especulación financiera. Así, cuando el planeta pare ce ir directo al despeñadero, la única especulación que aceptan es justo la que nos lleva en esa dirección, olvidando que, hoy por hoy, apostar por ganancias a futuro es más utópico que cualquier idea que los arquitectos podamos proponer” p.13

Preocupa que algunos colegas basen sus agendas proyectuales en una cierta dependencia al mecenas de turno, sin impugnaciones. Esto hace que el arquitecto anule su crítica ante los efectos espaciales, estéticos y disciplinares de permitir que la especulación financiera y o inmobiliaria le dé forma a grandes partes de la ciudad.

Más me preocupa que el arquitecto pierda el tiempo criticando al otro arquitecto que intenta empujar los bordes disciplinares a través de correr riesgos en el proceso de diseño. Quizás uno de los valores de ARQ102 es que nos servirá a muchos para afinar la puntería cuando se trata de estudiar la especulación en nuestro campo disciplinar.

En mi lectura de ARQ102, he revisado más en profundidad dos artículos cuyas temáticas me han parecido muy pertinentes a lo que yo esperaba de la revista. En uno de los artículos que elegí he encontrado algunos aspectos discutibles que le restan consistencia a una propuesta que en principio era sugerente. A mi opinión, el texto se diluye un poco en la confusión de algunos términos forzosamente incrustados a un análisis inicial prometedor. El segundo es un estudio de economía urbana que me parece altamente relevante para entender cuál es nuestra posición como arquitectos en el desarrollo urbano del Santiago actual.

Parto con el primero.

La arquitectura como moneda, de Riccardo Villa.

Interesante el tema, con un título que capturó mi atención de forma inmediata. De hecho, al ver el índice, fue el primer artículo que me leí. El texto entra en clave valor de uso y valor de cambio para estudiar el fenómeno de la arquitectura, no obstante, de inmediato, entra en conflicto con su título. Principalmente, la mirada sobre una moneda en una especie de confusión conceptual que quisiera tratar de plantear de otra manera.

En La Riqueza de las Naciones, Adam Smith hace una interesante distinción entre la moneda y el valor. La moneda es un medio de cambio tangible para realizar un intercambio de bienes al cual se le asigna un valor. La moneda es un instrumento de la práctica económica del intercambio. Por otro lado, para Smith, el valor de una mercancía se mide en la cantidad de trabajo que se invierte en su producción. Es decir, el rol de la moneda no es la acumulación, sino únicamente un operar para hacer el intercambio en base a que, socialmente, se acuerde que dicha moneda es usada para hacer dichos intercambios y que cada unidad de moneda tiene un valor socialmente validado.

Luego Karl Marx en el volumen 1 de El Capital profundiza esta comprensión de la moneda y el valor, puntualizando que existen diferencias dado que el valor no siempre depende del trabajo para producir un bien sino también del excedente de dicho trabajo que se lo queda el capitalista (aunque no entraré mucho en ese detalle), pero el dinero y la moneda en particular no es otra cosa más que otro bien, cuyo valor se fija con las mismas reglas que cualquier otro bien, con la diferencia que la sociedad valida que la moneda será el bien que se utilizará para el intercambio entre bienes y servicios, representando un cierto valor que también guardará una relación inicial con sus costos productivos. Otra virtud de la moneda es que circula, fluye, es traspasable y liviana. Quedamos, entonces, en decir que la Arquitectura como Moneda no podría coincidir con esta afirmación contenida en el texto de Villa:

“El edificio se convierte en ficha. Concebir algo tan estable como un edificio en clave de intercambio, de su puesta en circulación, puede considerarse casi como un absurdo; visto de nuevo a través del paradigma aristotélico, podemos preguntarnos ¿cómo puede suspenderse de su uso real algo tan enraizado como la arquitectura?” p. 65

Entendemos la arquitectura como un elemento que, justamente, se enraíza y por ende, en tanto manifestación material, no circula con liviandad. Diferente sería si hablamos del proyecto de arquitectura, distinción que serviría para entender mejor el enfoque, pero, aun así, el proyecto no funciona en lógica de convención social sino se adapta a necesidades programáticas, sociales, culturales, contextuales y ambientales (por mencionar algunas) que hace que incluso los proyectos en áreas homogéneas de la ciudad sean difíciles de encontrar dos exactamente iguales. También, podría haber sido, que se interpretara la idea de arquitectura como moneda para obtener un tercer bien, en la lógica del intercambio. Para que la arquitectura se usara en esta lógica, quizás situaríamos un caso en un soborno a una autoridad o en el lavado de dinero, donde la arquitectura es un intermediario entre una causa y un fin que se intercambia.

En base a lo anterior, creo que la casa de la música de OMA no viene al caso y, más bien, termina de confundir. Es muy difícil que un proyecto como este haya sido idéntico a una casa en una villa, como lo sería si la arquitectura la interpretamos como moneda de forma literal. A lo más, es la cáscara o la forma urbana la que se repite, pero difícilmente la villa tenía el mismo interior que la casa de la música.

Creo que, más bien, el articulo habla del proyecto arquitectónico como capital. Esto coincidiría mejor si se utilizaba una de sus definiciones más ampliamente validadas. Para Krugman, Wells y Graddy, el capital son los factores productivos necesarios para crear bienes o servicios que luego serán comercializados.

Así, el proyecto arquitectónico puede ser un factor productivo, y, por ende, capital que fue creado para comercializar su obra intelectual creativa y material. También se podría acumular, como plantea el texto y también necesita mantención, como indica la teoría de los negocios. Quizás las oficinas de arquitectura generan capital creativo a partir de proyectos que no se realizaron en una especie de acumulación creativa o acumulación proyectista, que busca aumentar la riqueza especulativa-proyectual de la firma, lo que, en rigor, no me parecería tan terrible. De hecho, me parece una aproximación teórica que mercería atención.

Para elegir el segundo artículo busqué uno que pudiese conversar con el primero, pero sobre el cual entender que existían mayores acuerdos con los resultados. Entonces, elegí:

Especulación, renta de suelo y ciudad neoliberal. O por qué con el libre mercado no basta

de Felipe Encinas, Carlos Aguirre, Ricardo Truffello y Rodrigo Hidalgo.

Lo primero que era interesante era que los autores tuviesen enfoques tan diversos: Felipe experto en pobreza energética, Carlos en evaluación de proyectos, Truffello en geografía de datos y Rodrigo en neoliberalismo. El resultado científico me parece óptimo, pero tremendamente preocupante desde nuestra disciplina.

El artículo, a mi gusto, tiene varios textos destacados, además de sus resultados. Quisiera resaltar algunas:

“En ese contexto aparece una palabra clave en la discusión inmobiliaria: la especulación, que podemos definir como el tiempo y espacio de espera a potenciales ganancias. Su determinación es difícil, pues la tendencia nacional ha ido más por el sendero de las columnas de opinión que por la investigación rigurosa y metodológicamente consistente.” P.120

Luego, de forma rotunda, muestran como el suelo en tanto espacio específico con una ubicación única en la ciudad, es un monopolio, reforzando la mirada de Sabatini, Caceres y Cerda. Cito:

“Con ello, el mercado de la vivienda generaría esta explotación en base a la localización como monopolio y se provocarían dos efectos: la captación de todo el valor en la localización y la segregación sociorresidencial (Sabatini, Cáceres y Cerda, 2001).” P. 123

El suelo es monopólico, dado que no existen dos lugares iguales y los atributos conforman gran parte del interés de quien invierte en producir en dicho lugar una vivienda; cuyas características se adecuarán al nivel socioeconómico que habita el sector. Esto configura una especie de circulo vicioso de la segregación urbana donde, en Santiago, es obvio que existen comunas con atributos de ciudades del mundo desarrollado que reciben cierto tipo de inversión; contra otras por la falta de atributos, simplemente no se invierte para producir una mejor ciudad de la que ya está. Un ciclo clasista que lleva funcionando así décadas, a pesar de sus nefastas consecuencias sociales.

Esto es una realidad preocupante. La infinidad de seminarios y charlas, y encuentros y mesas, para discutir el problema que trata este artículo con la excusa de la integración social, no se condice con la escasa literatura reciente en Chile sobre el tema. Es más, muchos académicos protagonizan estas mesas y se basan en documentos de trabajo, que no necesariamente han sido revisados por pares, y por ende, más bien surgen en el apuro de publicar para incidir en la política pública (aunque eso implique repetir diagnósticos) y no necesariamente de buscar empujar los bordes del conocimiento sobre el tema. Luego, ni hablar de muchas columnas que, sin sustentos teóricos o empíricos, ni tampoco con filtros editoriales anunciados, construyen opiniones que pocas veces logran salir de los lugares comunes: la vivienda está cara, las familias no las pueden pagar, el precio de suelo es alto, la certeza jurídica molesta y un no tan largo etc. Ya aburre el juego de seguir dando vueltas en círculos sobre lo mismo sin nuevas interpretaciones ni propuestas ni avances.

Justamente, este artículo dice algo diferente, que para los arquitectos es brutal: el proyecto de arquitectura en ciudades como Santiago no es relevante, lo que importa es la localización. Es la sensación que deja este artículo, principalmente cuando se habla de la poca importancia de las cualidades técnicas del proyecto a la hora de configurar su precio:

“Como se observa en la figura 7, el índice de precios de vivienda está acoplado al índice de precios de suelos, mientras que el costo de los materiales de construcción se encuentra completamente desacoplado. Esto demostraría que existe una clara relación entre este valor de cambio, expresado por el precio de las viviendas, y el valor de uso, expresado en la ubicación en la ciudad y en la comuna, en detrimento de los atributos vinculados a la vivienda.” P. 127

Mi critica a este artículo es que sería ideal ampliar las comunas analizadas para consolidar el diagnóstico y complejizar los factores analizados. Importante para aumentar la robustez de las conclusiones.

Luego, me resulta complicado entender la necesidad de hacer un análisis de componentes principales cuando solo se usaron 5 variables. Creo que habría sido interesante, en cambio, sacar el coeficiente de correlación entre estas variables o bien, incorporar más variables antes de hacer el análisis de componentes principales para que dicha técnica sirviera para descartar algunos elementos usados para diagnosticar la conformación del precio de la vivienda. Quizás factores como variación demográfica, nivel de ingresos de los hogares, ventas contra stock de viviendas por sector, tasas de interés bancaria, precio del cobre, presupuesto municipal, distancia de medios de transporte público, por mencionar algunos factores; habrían otorgado otros datos para complejizar un análisis que ya es muy revelador. Ahora bien, en Chile, con la escasa transparencia de datos que tenemos, esto habría sido una tarea titánica.

Gran paper, por cierto. Un aporte que nos hace preguntarnos qué tanto importamos los arquitectos a la hora de desarrollar la ciudad. Si no es solo para firmar proyectos con los que no necesariamente estamos de acuerdo, sino con los que más bien nos conformamos o nos rendimos. Cito un artículo del edificio GEN de Assadi, Pulido, Schönthaler y Zapata en ARQ 69, del año 2008:

“Aparentemente no hay prácticamente nada que agregar en la fórmula -si se puede hablar de fórmula- que los desarrolladores inmobiliarios tienen como ley de operación, cuyo mecanismo conceptual basado en el consumidor define forma, tamaños, emplazamientos, materiales y colores. Los datos, proporcionados por una suerte de máquina que analiza movimientos de la oferta y determina la demanda casi como por arte de magia, establecen no sólo los metros cuadrados exactos para cada departamento, sino la cantidad y proporción de los distintos productos que forman el mix que se venderá, supuestamente, en 24 meses más. Se trabaja por tanto con datos con un año de antigüedad para generar un producto que aplicará dentro de dos -un edificio de 24 pisos tardará 24 meses en ser entregado- y que aún así debe satisfacer la tendencia. La fórmula conjuga esa tendencia -o bien hacia dónde se mueven las masas de consumidores- con una impositiva mezcla de metros cuadrados útiles versus metros inútiles, que a los arquitectos nos interesan tanto o más que los primeros. En definitiva, se proyecta sobre la base de verdades absolutas guiadas por la experiencia del desarrollador, dejando un trecho muy acotado para la arquitectura. Sólo en ese sentido se podría afirmar que la especulación inmobiliaria no existe.”

Escalofriante. Aunque ya deberíamos saberlo. Hace más de 10 años se viene diciendo y aún no terminamos de responder a este problema. Lo que más se impacta es nuestra práctica creativa, robotizando la producción arquitectónica y si, no fuera que por ley los planos los firmamos los arquitectos, hace rato que habríamos terminado de ser necesarios para el sector inmobiliario, principal motor de nuestras ciudades.

Para cerrar, a nivel de la revista en su totalidad, me ha llamado la atención la ausencia de literatura relevante en materia de producción urbana y arquitectónica que conecta los procesos especulativos con nuestros campos disciplinares. No hubo citas a:

  • Karl Marx
  • Friedrich Engels
  • Manfredo Tafuri
  • Henri Lefebvre
  • Guy Debord
  • Fredric Jameson
  • Stephen Graham
  • Manuel Aalbers
  • Raquel Rolnik
  • Melissa García Lamarca

ARQ 102: Especulación es un llamado disciplinar a prestar atención a procesos financieros que están socavando nuestra posibilidad de especular con el diseño, abandonando la posibilidad de hacer una ciudad más creativa, original y novedosa, entre otras virtudes potenciales. Al parecer, mientras la especulación con el suelo siga predominando en zonas urbanas, la mejor arquitectura especulativa chilena seguirá siendo construida en espacios rurales principalmente…por ahora.

Gracias.

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