Villa San Luis: histórico espacio en disputa entre el capitalismo y el humanismo

En 1968, el fisco chileno expropia el fundo San Luis mediante la Ley Orgánica de la Corporación de Mejoramiento Urbano (CORMU). Diseñado sobre los parámetros sugeridos por el Plan Regulador Intercomunal de Santiago de 1960 de Juan Honold y Pastor Correa, para consolidar un núcleo urbano integral. El proyecto fue organizado por el urbanista Miguel Eyquem y el arquitecto Arturo Baeza, entre 1968 y 1971, para que luego de su licitación y estudios de cálculo, se entregaran las obras. Fue en abril de 1972 cuando se entregaron las llaves de las primeras 252 unidades del conjunto. Un proyecto emblemático de la administración de Allende, en un afán de integrar a población de bajos ingresos a los beneficios de la vida urbana y cercanía a fuentes laborales característicos de sectores de altos ingresos como donde se emplaza esta obra. No obstante, esta ubicación no era del gusto de la elite, acostumbrada a vivir separados de lo popular.

Perimetro Villa San Luis
Mapa Emplazamiento Villa San Luis en Declaratoria de Monumento Nacional por Consejo de Monumentos Nacionales (2017).

En la dictadura de la elite inciada en 1976 y como parte de la revolución neoliberal mundial iniciada en Chile, era necesario ordenar la ciudad para facilitar las inversiones acordes a niveles socioeconómicos y privilegiar la posicion de los militares en la ciudad, cercanos al corazón de la elite, llevándolos a vivir a la comuna de Las Condes. Como los terrenos ya contaban con viviendas pero esta estaban con sus residentes, la dictadura actuó con fuerza militar para que ayudar a que SERVIU iniciara en 1976 el desplazamiento de cerca de 800 familias a comunas periféricas de la provincia de Santiago. El urbanismo represivo de Pinochet en pleno. Durante los proximos años de la dictadura, más familias fueron desplazadas por fuerzas militares o por el mas sutil sistema de libre-mercado, violento en los resultados mas que en sus procedimientos.

En 2017, la Villa San Luis fue declarada Monumento Nacional por su valor social e importancia para la memoria de los derechos humanos en Chile. Al respecto, Miguel Lawner, director de la CORMU cuando se funda la Villa San Luis, reflexiona: “Espero que ayude a aliviar procesos que nos pueden llevara situaciones muy conflictivas en el futuro”. A esta reflexión, Javiera Martínez y Fernando Toro del Comité de Defensa de la Villa San Luis, agregan: “Le hemos ganado a la lógica económica, a los miles de millones de pesos de rentabilidad, a los más poderosos de este país, hemos avanzado en un mínimo de verdad y reconocimiento”.

Hoy nuevamente la Villa San Luis está siendo amenazada, y con ella, su memoria. Este gobierno está en problemas por las alicaídas cifras económicas y no está pudiendo cumplir sus promesas de prosperidad o bien, mucha gente les ha dejado de creer, como indica la encuesta CEP. En este apuro, un salvavidas es tratar de acelerar la economía con la estrategia histórica usada por gobiernos en períodos de crisis: la construcción. En linea con estos apremios, el Consejo de Monumentos Nacionales revirtió la declaración de monumento histórico de la Villa San Luis. A pesar de la importancia de este conjunto para la historia de los derechos humanos en Chile, triunfa el lobby inmobiliario voraz por sobre el bien común y la memoria. Es la élite Chilena, tanto la que estuvo con la dictadura como muchos que se beneficiaron de los primeros años de transición democrática, los que menos respeto tienen por los hechos del pasado. Sin dudas, lo poco que quedaba de la Villa San Luis (apenas dos edificios en un contexto ampliamente dominado por oficinas) es un vívido recuerdo de cómo se hicieron ricos muchos de los que circulan por ahí. El ganador del Premio Nacional de Arquitectura 2019, Miguel Lawner, escribió una carta dirigida a uno de los lobbystas que se sentó con el mismo Lawner a discutir potenciales avances. Este fragmento ilustra el operar de algunos inmobiliarios:

“Cuando nos reunimos en mi departamento el viernes 23 del presente, ya tenías conocimiento del informe estructural que declara insalvable el Bloque sobreviviente de la Villa San Luis y propone su inmediata demolición. Recibiste nuestra propuesta de reducir a la mitad el terreno declarado monumento nacional y tampoco nos advertiste de dicho informe. Eso es jugar sucio. No entiendo cual puede haber sido tu intención de aceptar el diálogo directo con nosotros, salvo insistir en vuestro proyecto, que hemos rechazado, por ignorar el último vestigio del más grave atentado a los derechos humanos cometidos en la historia de Chile, dentro del ámbito urbano” (Lawner, Junio 2019).

La labor de Lawner para nuestra generación de urbanistas es fundacional. Lawner ha tomado las banderas de la ética y moral disciplinar para mostrarnos su infranqueable memoria de un tiempo otro. Lawner ha sacudido nuestras cabezas para despertar del aturdimiento neoliberal y hacernos ver que tanta preocupación por la rentabilidad de la inversión termina por invisibilizarnos como personas que necesitan cobijo, que interpretan el entorno, que se lo apropian simbólicamente y que dependemos mucho de nuestra relación con el entorno para alcanzar la felicidad. Además, derribar este monumento histórico no debiese justificarse en relación a la demanda, es pura ansiedad inmobiliaria la que se ve en esta situación, alimentada por un gobierno con escuálidas cifras económicas.

Además, no había razón para apurar una nueva ampliación en Nueva Las Condes. Hemos contabilizado que hay más de 500 oficinas disponibles para arriendo. La urgencia por construir nuevas torres de oficinas solo se explica por razones de rentabilidad de la inversión, insaciable fenómeno que no discrimina ni se interesa por lo común, la historia o los derechos humanos. Más aún, sorprende que la revocación de la declaratoria ocurra bajo la dirección de Emilio de La Cerda, conocido arquitecto “patrimonial” y con sensibilidad social.

Asistiremos, entonces, a la demolición, nuevamente, de un recuerdo de la desaparecida planificación urbana con enfoque humanista. La retroexcavadora que tanto criticaron en este gobierno, al final, como siempre, estaba en manos de ellos mismos. Quieren con un chasquido eliminar los recuerdos, actuando como personajes de historieta. Voracidad, inseguridad y culpa. Sí, culpa, de haber construido un imperio económico local a costa de los más pobres. Hoy, como en tantas otras ocasiones, el capitalismo aplasta al humanismo. La rentabilidad, el corto plazo, el dinero, las urgencias, el derecho a la propiedad, se erige como más importante que la memoria, la justicia y los derechos humanos. Qué decir, no queda más que esperar que algún día llegarán los verdaderos tiempos mejores.

Pronto, Bifurcaciones sacará un nuevo libro acerca y de Miguel Lawner. Como urbanistas, quisiéramos que los jugosos bolsillos de quienes están detrás de estos actos de despojo histórico al menos dejaran algo que ir a ver y mostrar cuando vienen especialistas del mundo desarrollado a ver una de las mas antiguas experiencias mundiales que existieron en torno a avanzar hacia el derecho a la ciudad desde la política pública (incluyendo al mismo Henri Lefebvre en 1972). Lo malo es que para ello dependemos de la decencia, la cual es gratis y no renta.

Citar así:

Vergara-Perucich, Francisco. (2019, July 3). Villa San Luis: histórico espacio en disputa entre el capitalismo y el humanismo (Version 1). CENTRO PRODUCCIÓN DEL ESPACIO. http://doi.org/10.5281/zenodo.3267267

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